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Si hoy tuviera que elegir un símbolo para la Casa
da Música este seria seguramente Janus, esa
magnífica figura de la mitología Romana: el dios
bifronte, al que le fue concedido el don de mirar
simultáneamente hacia dos direcciones opuestas;
el dios que examina el pasado y el futuro y que,
para los Antiguos, representa el paso ritual entre
una condición y otra ­ y, en un día sin niebla,
la clarividencia del presente, porque Janus, es
importante recordar, no es un dios de la adivinación.
En el contexto de la presentación del Programa
2010 de la Casa da Música, se vuelve absolutamente
esencial reafirmar en qué línea se sitúa mi
orientación artística con relación a lo que hoy esta
institución representa, que es inequívocamente la de
la continuidad.
También en ese sentido es Janus el dios que más me
conviene cultivar, en la medida en que, si por un
lado simboliza el movimiento (sin el cual nada tiene
continuidad), es él el patrono de las transiciones y
de los comienzos, sean éstos rituales, abstractos o
concretos. Y si es verdad que la concreta celebración
del patrimonio del pasado y la interpelación de
las posibilidades del futuro ­ aspectos también
evidenciados en la apuesta clara en un Servicio
Educativo ­ estuvieron en la raíz del proyecto
artístico de la Casa da Música, la razón de la
pluralidad de las propuestas, pero sobre todo su
articulación y coherencia (sin duda una de las huellas
más importantes del legado de Pedro Burmester)
han, por su lado, ganado legibilidad y gravedad
en circunstancias que, encarecidas por una cierta
excepcionalidad, sólo pueden, a fin de cuentas, ser
clasificadas como de normalidad institucional. Una
excepcional normalidad que es lo que en el fondo
permite que las tensiones inherentes al acto de tomar
decisiones de programación puedan ser creativas
y existan allá en donde tienen que existir, en algún
local entre el ímpetu centrífugo de la utopía y el
sentido centrípeto del pragmatismo.
Bajo el signo de Janus
Les invito así a entrar en estas páginas, por donde
se explana un año de programación, proponiendo
algunas de entre las posibles claves de lectura,
iluminando solo algunos de los hilos conductores
que más de 160 conciertos permiten tejer, o
porque tienen un valor por si mismos, o porque se
justifican en una lógica horizontal de regularidad
­ como recomiendan las reales potencialidades
de la búsqueda ­, o porque ganan sentido en un
planteamiento vertical determinado por un contexto
temático, que exigiría un enunciado hipertextual, o
sea, lo que posibilita una (re)construcción colectiva.
Por cuarto año consecutivo la Casa da Música tendrá
un País-tema, uno de los hilos conductores de su
Programación, y apostará por una intensa relación
artística y educativa con compositores en residencia.
Austria fue así el país elegido para este año 2010.
Respecto a los compositores residentes, me cabe el
privilegio de dar la bienvenida a la finlandesa Kaija
Saariaho (Compositora en Residencia 2010) y al
austríaco Wolfgang Mitterer (Compositor Asociado
2010) que nos visitarán en diversas ocasiones a lo
largo del año y que enriquecerán, tanto el repertorio
de nuestros grupos residentes, como el plano
curricular de los estudiantes de composición de
ESMAE, o todavía el ya considerable patrimonio de
encargos de la Casa da Música. La figura del Joven
Compositor en Residencia 2010, porque este año
quisimos condicionar su elección al "Premio de
Composición Casa da Música / ESMAE" (atribuido
en octubre de 2009) será anunciado oportunamente.
Al elegir Austria como País-tema 2010, la Casa
da Música pretende presentar un conjunto de
actividades y conciertos representativos de los más
diversos géneros musicales que irán desde la Música
Clásica hasta la Contemporánea, pasando por la
Música Electrónica, por el Pop-Rock y por el Jazz.
El hecho de 2010 ser el año en que se celebra el 150º
aniversario del nacimiento de Gustav Mahler (al